Con una charla amena, divertida y panorámica se dio el pistoletazo de salida de los actos de dedicación de 2025 como Año de los Vinos de Sevilla. Fue en la Taberna del Alabardero, espacio cedido por la Fundación Lezama para la ocasión, con más de un centenar de asistentes –incluso de pie-, para escuchar a una de las figuras más solventes del mundo de los vinos y el periodismo gastronómico: Paz Ivison, Premio Nacional de Gastronomía, miembro de la Real Academia de Gastronomía y comunicadora multipremiada.
Casi 40 académicos estuvieron presentes, además de autoridades como Isabel Solís (Delegada Territorial de la Consejería de Agricultura), Antonio Jiménez, director de la Fundación Lezama, Juan José Domínguez, Director General de Turismo del Ayuntamiento, entre otros, y numerosos representantes del sector vinícola sevillano y del mundo de la agroalimentación de la provincia.
Presentó el acto el presidente de la academia Julio Moreno, quien fundamentó la dedicación de 2024 al vino sevillano, como otro gran producto señero de la provincia, como lo fueron en años anteriores el pan, la aceituna de mesa, el arroz o el aceite de oliva virgen extra. En su intervención, tuvo un emocionado recuerdo para Rafael Salado, presidente de la Asociación de Vinos y Licores de Sevilla, que está pasando por unos momentos muy complicados de salud.
Moreno resumió la historia de los vinos de Sevilla, a partir de los restos arqueológicos encontrados en San Juan de Aznalfarache y Carmona, que representan una historia vinícola de más de 3.000 años, y un glorioso patrimonio cultural, con algunas bodegas que hoy son BIC. Comentó que el sector necesita un empujón, apoyando al enoturismo. Recordó las comarcas vinícolas de la provincia, y anunció las actividades más importantes que celebrará la Academia en relación con los Vinos de Sevilla.
A continuación, el presidente introdujo a la conferenciante, Paz Ivison, licenciada en ciencias políticas y ciencias de la información, fundadora de la revista femenina Dunia (con una sección de vinos), y que fue subdirectora de la Revista Club del Gourmet, habiendo trabajado para diversos medios de comunicación.
Comenzó la ponente agradeciendo la invitación tanto a la Academia como a la Escuela Superior de Hostelería. Recordó la figura del padre Lezama, recientemente fallecido, presidente del Grupo Lezama, auténtico visionario de la proyección de la gastronomía en España, y subrayó que vino y gastronomía son lo mismo, inseparables.
Mencionó los ataques que sufre el vino en la actualidad, y se refirió a la forma de entenderlo por parte de los románticos de finales del siglo XIX, en un acercamiento al comer y beber con conocimiento, historia, emociones, música, etc.
Curiosamente –prosiguió Ivison- al vino se le atribuye mucha información, y no tanto a los productos (arroz, aceite, pan, etc.), dando a entender que el vino goza de mayor nivel social. Pero en Sevilla se ha vivido de espaldas al vino, -apostilló-.
No obstante, Sevilla cuenta con dos IGP de vinos y una DO en Lebrija (con una sola bodega, Glez. Palacios). Reconoció que antes fueron mejores tiempos y mencionó la relación con los vinos de Jerez, recordando los pleitos por la denominación manzanilla, en los que Jerez ganó la jugada.
Habló de otra Bodega –Halcón- que va con DO Jerez, en Los Palacios, IGP de 2003, con uva autóctona, la mollar, resaltando la Bodega Blanca Parejo que dará mucho que hablar.
Ivison hizo también un recorrido por las uvas más significativas de la provincia sevillana, así como de algunas otras recuperadas en los últimos años, y con el cultivo ecológico como tendencia para el futuro, junto a los vinos tranquilos.
Resaltó la importancia de la vieja viga del lagar de Bodegas Góngora (siglo XVI), todavía en activo, y recordó la llegada de la filoxera, que acabó con el floreciente sector vinícola. Y, al repasar la situación de la Sierra Norte, puso como ejemplo a Bodegas Colonias de Galeón, pionera en reflotar la tradición vinícola en la comarca.
El acto finalizó con una degustación de diferentes vinos sevillanos.